página personal de iñigo garcía ureta

 

“El exito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo.” Winston Churchill.  

El oficio de editor conlleva decir no a múltiples propuestas y, por tanto,equivocarse de cuando en cuando. A todos nos suenan cientos de historias sobre rechazos editoriales a manuscritos que más tarde alcanzarían la fama: algunas más  conocidas, como las de En busca del tiempo perdido o La conjura de los necios; otras, como la que recibieron John Le Carré, Stephen King o el perro Snoopy, tal vez menos. Si bien hay en el mercado extranjero algunos libros que recogen unas cuantas anécdotas sobre el tema, no existía hasta ahora uno que además se "mojara" lo bastante como explicar sin pelos en la lengua qué es y en qué consiste el rechazo editorial.

En Esquire (pulsa en la foto para leer el artículo),



Inspirado en una sentencia de Winston Churchill («El éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo»), Éxito cuenta historias como las de la revista estadounidense The Rejected Quarterly, que sólo publica manuscritos que hayan sido previamente rechazados cinco veces, o la de El que apaga la luz, de Juan Bonilla, rechazado por un vecino que había recibido el manuscrito por error; explica por qué la cita más terrible sobre los agentes literarios pertenece a Frank Sinatra o cómo un rechazo llevó a Clifford Irving a montar el timo editorial más rocambolesco del siglo XX.
Acompañado de una encuesta, hecha a profesionales del sector, y de un capítulo dedicado a los distintos procesos que llevan del envío del manuscrito a su rechazo (o aceptación), Éxito habla también del papel del editor ante los últimos avances tecnológicos, explica por qué a veces ser publicado no trae sino problemas y demuestra que el editorial es, a pesar de las apariencias, uno de los rechazos menos duros de los que podemos tener en la vida. 


"La habilidad de juntar palabras en una expresión comprensible o frase es lo que distingue a los seres humanos del diccionario o de otras especies animales menos evolucionadas. Por favor, contáctenos de nuevo cuando alcance tal estado en su desarrollo.”  De una carta de rechazo de la revista The Acorn.

“Así como los sádicos reprimidos se hacen policías o carniceros, así aquellos con un miedo irracional a la vida se convierten en editores.” Cyril Connolly.

“Para el autor de este libro toda ayuda psiquiatrica es poca.” De un informe de lectura a Crash, de J.G. Ballard.

“…Siempre cabe la posibilidad de que un lector amante de los epigramas cómicos crea hallarse ante la obra de un genio, y por descontado puede que esté en lo cierto. Pero gracias a su amplia experiencia editorial ya debe de saber que es menos ruinoso rechazar la obra de un genio que la de mediocres con un poco de talento...” De un informe de lectura de Trampa 22.

“Los editores son todos hijos del diablo. En algún lugar debe haber un infierno especial para ellos.” Goethe.

“ ...no es infrecuente que libros desestimados por nosotros encuentren un hogar en otras editoriales. Creo que ése será su caso, y le deseo toda la suerte del mundo.” Carta de rechazo al libro de memorias de un enfermo de cáncer.

Básicamente, un editor es alguien que lee manuscritos, a veces de autores desconocidos. Alguien que los descarta por docenas (en ocasiones, todos nos equivocamos, incluso descarta cosas buenísimas), y por fin elige unos pocos originales, y los publica. A la hora de elegir, un editor literario se decide a publicar cuando cree encontrar en un manuscrito visión, inteligencia. A veces rebaja ligeramente esa exigencia, pues si un editor se empeña en publicar solo libros excelsos, pero que no venden, acabará no publicando a nadie, porque tendrá que cerrar el negocio. Así que el editor elige un manuscrito y lo publica, en el sentido más fuerte de la palabra: lo hace público, batalla por conseguir para ese libro un lector, muchos lectores.”  Enrique Murillo,  “No disparen contra el editor”, en El País, 19/12/10.

"Tuve que echarme a reír al leer tu pregunta: '¿Es normal recibir dos negativas?' ¿Y por qué me reí? Porque mi primera novela obtuvo 86 rechazos, y eso se acerca más a lo que entendemos por 'normal'." Les Edgerton.

“Uno debería luchar como un demonio para no caer en la tentación de hablar bien de los editores. Todos sin excepción se revelan, al menos durante algún tiempo, como gente incompetente o chiflada.” John Gardner.

“Lo contrario esta mas cerca de la verdad: un buen escritor es casi siempre un editor frustrado...” Javier Cercas, “Elogio (mesurado) del bromista”, El País Semanal, 04/06/06.


De la encuesta:

Como director literario, o editor —en el sentido anglosajón del término—, sometido siempre, ay, a la decisión final del empresario, he vivido situaciones a veces cabreantes; por ejemplo, en 1985, en la subasta por la novela El perfume, de Patrick Süskind, no pude pujar, como representante de Planeta, más allá de una determinada cifra, cosa que sí pudo hacer Mario Lacruz, representante de Seix Barral, que pertenecía al Grupo Planeta; no rechacé un libro que, desde antes de su publicación, todos sabíamos que sería un bestseller; tuve que renunciar a editarlo.

Pero prefiero recordar el lado positivo de las cosas gracias al buen sentido de algunos autores, por ejemplo el de Manuel Vázquez Montalbán. Manolo tenía el prurito, legítimo, de que como autor de libros de ficción no se le encasillase como el padre de Carvalho; en una ocasión, mucho después de ganar el Premio Planeta en 1979, nos pasó a Marcel Plans, segundo de a bordo en el Departamento literario de Planeta que yo dirigía, y a mí el original de una novela titulada El día en que los navarros conquistaron la luna, que me pareció un desvarío onírico que yo fui incapaz de entender y Marcel, compañero de fatigas de Manolo en el PSUC —el partido de los comunistas catalanes—, incapaz de terminar su lectura.

De la mejor manera que supe —Marcel me dejó solo ante el peligro—, le expliqué a Manolo que tal vez convendría que guardase de momento el original, lo dejase reposar y, más adelante, lo releyese con calma; la sugerencia le sentó mal, y cuando le insinué que sería mejor que escribiese un nuevo episodio de Carvalho, me respondió airado que él no era un autor de novelas policíacas —cuando sabía perfectamente que las obras con Carvalho como pretexto eran mucho más que thrillers al uso—, dando a entender que su auténtica vocación como escritor —El pianista, Galíndez, Los alegres muchachos de Atzavara— iba por otros caminos y que Carvalho le servía sólo para ganarse la vida. Al cabo de bastantes meses, en passant, le pregunté qué se había hecho de Los navarros…, y también como sin darle importancia me explicó:

Tenías razón; era muy malo y no pienso publicarlo.

Por eso no me extrañó que, ya muerto, su viuda, Anna Sallés, me escribiera diciéndome que Manolo siempre decía que yo era el mejor editor que había tenido.” Rafael Borràs Betriu

El rechazo editorial es uno más de los que cualquier ser humano recibe en la vida. Hay rechazos lógicos, debido a fallos del sujeto que los recibe, y hay rechazos debidos a fallos de quien los pronuncia. Y cada cual tiene derecho a persistir en sus fallosy errores siempre y cuando no peligre la vida del prójimo. Una mala novela no mata a nadie y una buena novela no es vacunacontra la desdicha.” Ana María Moix

Todo el mundo se equivoca: lo que para unos vale, para otros no, y que hay que saber escuchar aunque no nos guste lo que oímos. Quizá un rechazo es la voz de nuestro ángel diciéndonos que la literatura está en otra parte, o aquí mismo.” Pau Centellas, Agencia Literaria Silvia Bastos

Al parecer, J.K. Rowling recibió veinte cartas de rechazo. Sólo podía permitirse fotocopiar una sola vez el manuscrito, de modo que tuvo que aguardar pacientemente a que cada editorial siguiera el proceso que hace que el manuscrito acabe en lo alto de la pila y, una vez rechazado, a que se lo devolvieran por correo. ¡En aquellos días una debía ir a la oficina de Correos y adjuntar un sobre con sellos! Al final, la recepcionista de la agencia que ahora la representa abrió su paquete, se puso a leer y se dijo: ‘Esto parece interesante’. ¡Y yo misma trabajé en una editorial que rechazó tres veces la Breve historia del tiempo!” Petra Sluka, scout radicada en Reino Unido

Un editor me envió una carta larga rechazando una novela de uno de nuestros representados. Agradecí que fuesen bastantes más de las dos frases de rigor. Uno de los diferentes motivos que me daba para justificar su rechazo era la falta de tiempo. Al llegar al final de la carta, vi que en lugar de firmarla con su nombre, la firmó con el mío. Pensé que tal vez sí debía ser verdad que el editor iba falto de tiempo. También pensé que recibir una carta de rechazo remitida por ti mismo daba pie a reflexionar largo y tendido, pero que en ese momento no tenía tiempo para ello.” Bernat Fiol, agente, Salmaia Lit.


Extracto:

Diez curiosidades sobre el rechazo en el mundo anglosajón

1) ¿Todos somos rechazados? Sí, también los personajes de ficción. En 1982 una columna de Charles Schultz recogía una carta de rechazo dirigida a su personaje Snoopy en la que se leía lo siguiente: “Querido colaborador, gracias por enviarnos su trabajo. Por desgracia, lamentamos decirle que no se ajusta a nuestras necesidades actuales. Si alguna vez es así, tendremos problemas.”

2) ¿Es el rechazo un nuevo género literario? En efecto: la estadounidense Cathy Wald, autora de varios libros de no ficción, acumuló tantas negativas a la hora de intentar publicar su primera novela que decidió crear una página web [rejectioncollection.com] donde colgarlas. Tuvo éxito, tanto que logró involucrar a veintitrés autores (Bret Easton Ellis, Amy Tan o Arthur Golden, entre ellos) en un nuevo libro sobre el rechazo. Este libro también fue rechazado en un principio.

3) ¿Hay premios para el rechazo? Algo por el estilo: un blog dedicado exclusivamente al fenómeno del rechazo editorial ofrece anualmente los premios GAK [Golden Apple of Kindness, o a la manzana dorada de la cortesía] a editores y autores que tratan el tema del rechazo. (Habida cuenta de que una manzana dorada desencadenó la guerra de Troya, no les falta el humor.) Asimismo, la revista The Rejected Quarterly —de la que hablaremos un poquito más adelante— posee una sección llamada “The Art of Rejection” en la que sus editores diseccionan las virtudes de algunas cartas de rechazo que consideran clásicos del género. En sus propias palabras:

Todos conocemos editores que se han propuesto y logrado grandes cosas en el ámbito de la ficción (…) pero hay también escritores que merecen nuestro reconocimiento por la dedicación y entrega que ponen al escribir sus cartas de rechazo, aunque lo que escriban no sea, en sentido estricto, ficción.

4) ¿Existe la justicia poética? De existir, tiene este aspecto: Louis Zukofsky, padre del Objetivismo, incluyó en A, su largo poema de más de ochocientas páginas, una carta de rechazo de una publicación económica china, que dice:

Estimado señor,

Hemos examinado su manuscrito con un deleite ilimitado. Y nos atrevemos a jurar por nuestros antepasados que jamás hemos leído otra pieza que iguale su maestría. De aceptar su obra, nos sería literalmente imposible publicar ninguna otra que no esté a su altura y, dado que podemos imaginar que exista en los próximos diez mil años otra que alcance tan altas metas, debemos, para nuestra desgracia, rechazar su divino trabajo y disculparnos mil veces por nuestro apocamiento.

5) ¿Es el rechazo una actividad solitaria? No, para nada. Por ejemplo, para el envío del manuscrito de Tiempo de matar, John Grisham precisó la ayuda de su secretaria. Entre ambos hicieron dos listas con treinta nombres y direcciones en cada una: la primera para editores; la segunda para agentes literarios. Entonces pasó a la secretaria un paquete con una carta de presentación, un resumen del libro y los tres primeros capítulos, que ella copió diez veces y despachó a los cinco primeros nombres de cada lista. Cada rechazo posterior implicó un nombre tachado, una carta que Grisham leía durante el fin de semana camino de la oficina y un nuevo envío al siguiente nombre de la lista. Los primeros doce editores y doce agentes lo rechazaron. Y luego tres agentes llamaron a su puerta.

6) ¿Ayuda la autoayuda con el rechazo? Bueno, la autoayuda a veces no es suficiente. O al menos eso debieron pensar Jack Canfield y Mark Victor Hansen, autores de Sopa de pollo para el alma, que antes de entrar en las listas de Los Más Vendidos de The New York Times, crear una serie con 32 libros y superar los ochenta millones de copias vendidas en 39 lenguas, fue rechazado por 123 editoriales. Al final lo editó Health Communications, una pequeña editorial de Florida que entonces estaba de capa caída, especializada en libros para la recuperación del alcoholismo, la drogadicción y la codependencia. Cuenta Jack Canfield,

No hubo anticipo. Cuando les comentamos que queríamos vender 150.000 ejemplares para navidades se rieron de nosotros. Y nosotros dijimos, “Vale, veamos qué sucede.” Y resulta que vendimos 135.000 ejemplares (…). Y creo que de ese título llevan ya ocho millones de ejemplares impresos.

7) ¿Quién tiene el record? Aquí existe una pequeña controversia. La edición de 1988 del Libro Guiness de los Records recogía que el inglés William E. E. Owens había documentado el mayor número (137) de rechazos por parte de editoriales para su manuscrito One Man Versus the Establishment. Sin embargo, ¿qué pensar entonces de la montaña de notas de rechazo que acumuló William Saroyan y que al parecer medía más de setenta centímetros? (Por cierto, Saroyan también rechazó: cuando en 1940 le quisieron dar el Pulitzer por su obra de teatro El momento de tu vida, les dijo que no estaba interesado porque al negocio no le compete juzgar el arte.)

8) ¿Hay quien ha dedicado su libro a quienes le rechazaron? Así es. El poeta y pintor ee cummins tenía una colección de poemas titulada 70 Poems, que fue rechazada por varias editoriales. Cummins, harto de ser rechazado, pidió prestados trescientos dólares a su madre y en julio de 1935 publicó el libro con el título de No Thanks. En su dedicatoria se lee:

No gracias a: Farrar & Rinehart, Simon & Schuster, Coward–McCann, Limited Editions, Harcourt, Brace, Random-House, Equinox Press, Smith & Haas, Viking Press, Knopf, Dutton, Harper's, Scribner's, Covici-Friede.

9) ¿Cuál es la historia de rechazo más famosa en un título? De creer la leyenda, la de El cartero siempre llama dos veces, de James M. Cain, en la que por cierto no sale ningún cartero. Al parecer, en una ocasión Cain escuchó al guionista y dramaturgo Vincent Lawrence hablar sobre la ansiedad que le provocaba esperar la llegada del cartero cuando temía una respuesta negativa sobre un texto enviado, y cómo siempre sabía que se trataba del cartero porque éste invariablemente llamaba dos veces seguidas. A Cain le pareció que se trataba de un título fantástico.

10) ¿Qué provecho práctico le sacan los escritores anglosajones a sus rechazos editoriales? Citemos cuatro ejemplos: a) El escritor Lee Pennington empapeló las cuatro paredes de su habitación con negativas de revistas, algunas de las cuales le acusaban de haber escrito el peor poema de la lengua inglesa; b) la poeta Muriel Rukeyser forró por dentro y por fuera su papelera con cartas de rechazo; c) en EEUU existen empresas dedicadas a convertir las cartas de rechazo en rollos de papel higiénico, tanto en blanco y negro como en color, y sus precios varían entre los 12 y los 2,86 dólares, dependiendo del pedido (el precio de 2,86 dólares es para un pedido de al menos 4.800 rollos). Y d) según Saul Bellow los rechazos “no son malos. Enseñan al escritor a fiarse de su propio juicio y a decir, con el corazón en un puño, ‘¡Iros al infierno!’” 

 


Algunos links en inglés: