página personal de iñigo garcía ureta

una parte de este mismo mundo

En el segundo semestre de 2010 recibí una llamada de una asociación, Atades,  dedicada a las personas con discapacidad intelectual. Deseaban contarme un proyecto, pues creían que podría estar interesado en colaborar con ellos.  Viajé a Zaragoza, y quiso la casualidad que por una cuestión de agenda tuviéramos  un primer contacto en el campo de La Romareda, donde estaban preparando una parte del que sería su calendario para el año siguiente, de modo que en ese primerencuentro ya tuve dos sorpresas agradables. La primera fue tratar brevemente conuno de mis futbolistas favoritos, Ander Herrera, que se había acercado a sacarse unas fotos con los chicos de la asociación. 
La segunda, poder pasar un rato con estos últimos. 
Hablo de un grupo de ambos sexos, y si les llamo «chicos» es con la complicidad que aporta la cercanía, pues algunos eran mayores que yo. Supongo que era la primera vez que pisaban el césped del campo de su equipo favorito, y reconocí en sus rostros esa sorpresa, al tener al alcance de la mano lo que antes siempre se ha visto desde la distancia. Es una sensación que todos hemos sentido alguna vez, tal vez en presencia del Big Ben o en El Prado, ante un cuadro de Velázquez que hasta entonces sólo había existido entre las páginas de un libro. 
Ésa fue nuestra primera toma de contacto: una sesión de fotos en un día de sol. Si las primeras impresiones cuentan, en este caso no podríamos haber tenido mejor suerte. El proyecto que deseaban contarme tenía que ver con la celebración del quincuagésimo aniversario de la asociación. Diez años antes, Alfonso Zapata había publicado, ATADES. 40 años de historia, un recuento excelentemente bien documentado de los inicios de la asociación, y creían que a ese título debía dársele ahora una continuidad, con un nuevo libro que de algún modo sirviera para marcar el medio siglo a celebrar en breve. Me pidieron que, de estar interesado,les hiciera una propuesta y quedamos en ir hablando. 
Al comentarlo hoy parece mentira, pero aún pasaría medio año antes de presentarles un proyecto concreto, y aún otro año más hasta tenerlo acabado. Sin embargo, jamás tuve la sensación de haber perdido un solo minuto. En parte porque lo desconocía casi todo del mundo de la discapacidad intelectual, y en parte porque el proceso de hacer un libro se asemeja mucho al de construir un edificio. Hay que hacer planos, cimientos, levantar andamios… Todo aquello que luego desaparece, porque ya no importa, pues lo único preciso es que la gente pueda entrar a vivir en él. Éste no es un libro sobre un colectivo que se oculte o viva de espaldas al mundo, no. 
En Vidas inesperadas los usuarios, los profesionales y los padres, aquellos que en definitiva forman Atades, viven en este mismo mundo que todos habitamos. Y el paso de los años, desde aquel lejano 1962 en que se formó la asociación, no ha hecho sino confirmar este hecho: hoy las personas con discapacidad intelectual poseen una visibilidad —en la calle, en los patios de las escuelas, en los centros especiales de empleo, en los anuncios de televisión e incluso en los sellos de correos— impensable hace medio siglo. 
El mundo de la fotografía es de por sí duro, complicado: todos sacamos fotos, todos creemos conocer buenos fotógrafos, pero rara vez llegamos a sentirnos interpelados por los miles de imágenes que observamos a diario. Es como si la inmensa mayoría de las fotografías que vemos nos hablaran, sí, pero sin verdadera cercanía, como con voz de actor de doblaje. Tal vez por eso desde el principio tuve muy claro que deseaba contar con Jordi Oliver, cuyo trabajo, paradojas de este nuevo siglo, había descubierto por una red social. Sus fotos me habían deslumbrado, y pronto supe por qué: a Jordi le gusta la gente. No lo puede ocultar, ni tampoco quiere hacerlo. Asimiló al instante el guión y el tono y muy pronto descubrí al trabajar con él una que no sólo hizo del proceso de este libro algo inolvidable, sino que impregna cada una de las páginas siguientes, en las que texto e imagen logran tocar al unísono dos melodías distintas pero complementarias, como dos instrumentos que hacen música de cámara. 
En última instancia, este libro quiere dar testimonio de una sorpresa, de esa sorpresa que uno siente al tener al alcance de la mano lo que antes siempre vio desde la distancia. Para todos los que hemos hecho este libro, el acercamiento a las personas con discapacidad intelectual ha supuesto entrar en contacto con una parte del mundo asombrosa, variada y con mucho que enseñarnos. Esto, qué duda cabe, ha enriquecido nuestras vidas. Confío en que las páginas que siguen a continuación ayuden a enriquecer también la tuya.
 
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