quién soy

Creo que la comunicación satisface sobre todas las cosas.
Que en última instancia todo negocio quiere lucir un modelo H2H: Human 2 Human.
Que la imagen muestra y la palabra explica.
El mundo editorial me ha dado cosas inolvidables: que José Antonio Labordeta me despertara los viernes de la siesta es una. Irme de farra con William Eggleston, otra. Leer, en una terraza de la madrileña calle Cervantes, el ensayo que cierra esa joya titulada Gracias por no leer, cuyos derechos acababa de conseguir, otra. Contemplar, con Ana Mª. Moix, a una Nobel sudafricana feliz y embelesada por haber entrado a un Todo a Cien, otra.

También me ha dado buenos amigos.

He escrito algunos libros y publicado muchos: unos han tenido éxito y otros no. A veces me he equivocado por llegar demasiado pronto, en otras ocasiones por sobrestimar el gusto de mis lectores. Siempre los he juzgado semillas, células durmientes, alerta en su letargo.
Y cuando me lo preguntan respondo la verdad: mi libro favorito es mi libro de familia.

He trabajado toda la vida en y para el papel, pero creo en aprender de todo. Reinventarse es como cambiar de país: lo que pierdes en soltura lo ganas en experiencias. Los dolores son de crecimiento.
Tengo un máster en Edición y otro en Gestión y Dirección Hotelera. Sigo escribiendo, sigo traduciendo, sigo editando novela, fotolibros y guías de viajes y también hago eventos, comunicación, diseño de conceptos para hotelería; creo proyectos para fundaciones médicas y asociaciones de discapacitados intelectuales… El objetivo no ha cambiado: proveer a mis clientes con las herramientas necesarias para que logren ir donde quieren ir. Con palabras.

Porque su valor es inmenso: nos enseñan a contar qué camino hemos recorrido y por qué podemos sentirnos orgullosos de nuestras decisiones.
A diario me esfuerzo por seguir siendo enseñable, lo que a mi edad implica ser consciente de todos los vicios que toca desaprender.
No soy religioso, pero creo en estar vivo.  Tanto como para querer compartirlo.