comunicar

Comunicar satisface sobre todas las cosas.
Con la imagen y con la palabra, porque la primera muestra y la segunda explica.

El mundo editorial me ha dado momentos inolvidables: tomar un café de una hora con José Antonio Labordeta o Loquillo. Irme de farra con William Eggleston. Leer, en una terraza de la madrileña calle Cervantes, el ensayo que cierra esa joya titulada Gracias por no leer, cuyos derechos acababa de conseguir, otra. Contemplar, con Ana Mª. Moix, a Nadine Gordimer feliz y embelesada por haber entrado a un Todo a Cien, otra.

Es trabajo y siempre lo será, pero también me ha dado buenos amigos.

He escrito algunos libros y publicado muchos: unos han tenido éxito y otros no. No hay lección gratis: a veces me he equivocado por llegar demasiado pronto; en otras ocasiones por subestimar el gusto de mis lectores. Pero todo sirve: los libros son semillas, células durmientes, alerta en su letargo.
Y cuando me lo preguntan respondo la verdad: mi libro favorito es mi libro de familia.

Trabajo en y para el papel y también trabajo en y para el entorno digital. Entre mis proyectos, junto a una antología de textos decimonónimos sobre la lectura, está la versión inglesa de una App y textos corporativos web.

Creo en aprender de todo. Creo en la obligación de reinventarse. Reinventarse es como cambiar de país: lo que pierdes en soltura lo ganas en experiencias. Los dolores son dolores de crecimiento.

Tengo un máster en Edición y otro en Gestión y Dirección Hotelera. Sigo escribiendo, sigo traduciendo, sigo editando novela, fotolibros y guías de viajes y también hago eventos, comunicación, diseño de conceptos para hotelería; creo proyectos para fundaciones médicas y asociaciones de discapacitados intelectuales… El objetivo no ha cambiado: proveer a mis clientes con las herramientas necesarias para que logren ir donde quieren ir. Con palabras.

Porque su valor es inmenso: nos enseñan a contar qué camino hemos recorrido y por qué podemos sentirnos orgullosos de nuestras decisiones.
A diario me esfuerzo por seguir siendo enseñable, lo que a mi edad implica ser consciente de todos los vicios que toca desaprender.
No soy religioso, pero creo en estar vivo.  Tanto como para querer compartirlo.