comunicación interna

En 2014 el Hotel Ritz de Madrid me pidió que me encargara de su plan de Comunicación Interna. Fueron seis meses de trabajo, que empezaron con una auditoría interna y entrevistas a todos los departamentos, para montar una arquitectura con objetivos claros y medibles, que incluía el modo de implementarlos y evaluarlos: cada acción propuesta incluía quién era el responsable de implementarla, su periodicidad y una definición clara de qué era y por qué se hacía. El resultado fue un documento de más de 100 páginas,  más de medio año de implicación con uno de los ecosistemas más increíbles del mundo [el Ritz es a otro hotel lo que Harrods a otros grandes almacenes], la fortuna de poder haber colaborado en estrategias de comunicación externa y la oportunidad de conocer más de cerca cómo funcionaba una cadena como Belmond, antigua Orient Express, pues esto sucedió antes de que el Hotel pasara a engrosar las filas de Mandarin. 

En cuestiones de comunicación —a secas— apuesto siempre por el pragmatismo: buscamos resultados y aquello que los brinde siempre es bienvenido. Esto implica ir al cliente allá donde esté: a veces las estrategias pasaban por vestir los baldosines de las paredes de pasillos concurridos con los valores del hotel o convertir la revista corporativa en manteles para las bandejas de la cantina. No eran ni con mucho las soluciones más caras, pero sí tremendamente efectivas. Y de eso se trata. 

Poseo un máster en Dirección y Gestión Hotelera por la Universidad Complutense de Madrid. El mundo de la Hotelería se me antoja como un fabuloso terreno abonado donde hay muchísimo por hacer.